Es sumamente difícil y trasnochado escribir sobre el Por qué y el Para qué uno hace algo. Es en más de un sentido una verdadera tarea de introspección pre-confesionario que rara vez aceptamos y ejecutamos. Aunque lo cierto es que al hacerlo no dejamos de dar paso a la certeza de que en efecto: auto de fe y auto de Fe es.
Manido por otro lado es el uso de la referencia culterana de que somos junto al entramado de carne, hueso y nervio titilante algo proyectable y multiforme. Somos personas, máscaras en la mascarada a ratos alegre del existir. Cada uno de nosotros es en sí el Ser que creemos ser; al unísono somos el Ser que otros creen ver en el Estar nuestro cotidiano y a veces ajeno a nuestra propia percepción de quienes somos; y de modo más velado para el entendimiento, somos el Ser que realmente es.
Ser para sí y en sí mismo que busca doblegar las mil caras posibles de su propia proyección, humana, espiritual, social o en general: civilizatoria.
Y es que a fin de cuentas estamos compartiendo el estar finito de todo un mundo a nuestro alrededor. Compartimos la objetiva presencia de otros proyectados entes personales que se suponen en una dimensión y un auto entendimiento autodefinidos. Levantamos una voz en la marea existencial que se sujeta con fuerza en las fronteras convencionales de lo que se espera ser y actuar. Marea de océano que por derecho propio se acopia en los movimientos de esos otros ajenos con quienes convivimos y crecemos. Esos Otros que en su Ser individual nos enajenan la posibilidad de un más simple y noble divagar... Lo seguro es que nunca estamos solos, al menos no hablando de la soledad tangencial que se presenta por puro hastío del mundo contemporáneo. Soledad sin drama de personajes huecos atragantados de espacios y lugares vacíos. Al sabernos y descubrirnos como actores actuados y pieza elemental del mecanismo universal es cuando en los escenarios de vida nuestros aun sin desearlo, se nos presentan los personajes de la existencia. Siluetas de ensueño que otean el maravilloso diálogo del múltiple vivir. Multiplicidad en la otredad fronteriza e inerte. La Otredad del Ser ajeno que está. Solo está.
Ser el Ser puede resultar evidente al instante de pensárnoslo. Ya bien cualquiera de las tres maneras de identificar nuestro medular fluir al pensar, transparente es. Pero, el Estar del Ser es una forma nada evidente de preguntarse a uno y a los demás las coordenadas reales que nos dimensionan, que nos oprimen y pastorean a los cauces de la farsa cotidiana. En la multiplicidad del indefinido Estar se dibujan quizás las colinas del carácter o de igual manera la marisma pegajosa de nuestros sueños rotos o resecos, según cada cual. Es en este fondo cambiante y flexible donde subyace el tesoro de la a-racionalidad del hecho de existir, diletar y huir... o al menos el Ser que se supone nos domina piensa.
Texto ilegible escrito por alguno de los YO que Otros piensan que Soy.
miércoles, febrero 03, 2010
ESCENARIOS DE VIDA
lunes, enero 11, 2010
Tres dimensiones en una sola foto
- No tienes miedo de lo profundo? Preguntan las estrellas al océano.
- No! Que va! pero y tú, acaso no temes al oscuro inmenso?
A veces, cuando caminamos abrimos horizontes. En ciertas ocasiones, cuando subimos la colina frente a nosotros, estamos ensanchando el Universo entero disponible para nuestro propio ego sibarita y gozoso. En rarísimas oportunidades y digo que además solo para los más intrépidos; cuando en la intimidad doméstica de nuestras noches hacemos el esfuerzo intelectual de sin ambages ahondar en lo profundo de nuestra alma estamos a una vez, desnudando el paraíso paralelo de cierto Edén. Amigo lector, cuando hagas una foto detente primero para escuchar el latido fuerte que se antepone a su nacimiento.
Una foto es solo eso, un pedazo de papel embadurnado de química deseosas de ser violadas por la luz. Y es que el proceso de gestar una foto en mas de un sentido es un acto de amor, hay química, hay cuerpos, hay agujeros penetrados y esta la luz que como orgasmo majestuoso revela la naturaleza infinita pero breve de las cosas. No se engañen lectores; una foto es la ventana por la cual los planetas a nuestro alrededor descubren sus esqueletos de maravillas.
Ah! otro consejo, no le tengas miedo a lo profundo y menos aun al oscuro inmenso. Se tú el gran maestro de los universos paralelos, lector.
Conrado Maletá. Articulo para beta_lomography
martes, noviembre 17, 2009
El reino de las aguas.
Souad está sentado al borde del camino de arena cálida y sombras densas. Mira el fondo turbio de la vasija entre sus manos. No hay curiosidad en esto sino un fortísimo sentido de convencida exploración del mundo y sus motivos. Tras la oscura boca de la calabaza ciertamente se ocultan los ríos enteros de las altas montañas. Sitios de raras siluetas que se ven en la lejanía de los horizontes… Mejor aun, las lagunas de riquísima agua en medio del desierto sediento y tostado de sal. Atrapadas fronteras en un diminuto espacio sin honores ni tiempos. Materia que se escabulle en una sonrisa inquieta y que invita a la canción. Souad no sabe cantar. No habla palabra de hombre sencillo ni viejo sabio. Agita día tras día su ojo travieso y curioso sobre las formas de un mágico planeta donde un par de pececitos tristes ensartan la danza con la lluvia invisible del reino de los equívocos.
Todos en la aldea de algún modo saben de los milagros atados por Souad en la mínima curvatura de las nueces de calabazas secas… Risas y burlas se ocultan tras el velo de las mujeres nuevas sin dejar de haber incluso algo de obsceno y provocador en esto. Como cañas reverentes las viejas se doblan con cansancio y desvelo frente al surco abierto. Para éstas trátase simplemente del espejismo místico de un pueblo triste y semimuerto, pobre y denso. No hay tormentas más que en el ojo azucarado del hombrecillo del misterio. Se levanta una nube tras el mudo universo y las gentes sencillas se alegran ante el destronado sueño. Nace el azul.
Una vez al año Souad se levanta antes del tiempo. Abre sus manos al cielo purpúreo en acción liberadora y devota en esta única aislada ocasión. Funciona, de seguro es así. La lluvia conjurada en lazos de tortuosos desvelos cae justo dentro de cada uno de sus cuencos de ensueños. Los peces crecen y con infinita dulzura bailando la tormenta Souad se divierte. Alguien llora a sus espaldas y riega las colinas tercas, inasibles y violentas. Es tiempo de breves disparates. Un tonto distraído nace por efímeras circunstancias como rey del pueblo y de las gentes sin reglas ni ley. Souad es feliz solo por una vez.
El silencio inquieto se borra en el agua sucia de los desiertos.
jueves, agosto 28, 2008
El vuelo del físico Jones.
-< ¡Le digo que Dios no juega a los dados!, ¡No, Profesor!, ¡Basta ya de esa tonta mística del movimiento browniano! Ahora, puede marcharse.>
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Una leve brisa ha rozado el sólido buró. Hay papeles en el piso, un discreto temblor en el péndulo del reloj. Polvo intelectivo que se agita en un arrebato armonioso e impredecible:
-< ¡¿Qué hace Ud. Profesor Jones?! ¡¿A dónde cree que va Ud.?! ¡Pero…!>
Era la oficina primero un exiguo espacio del saber. Luego se hizo el Campus de piedra gris, un sector del añejo barrio medieval, la ciudad y sus misterios, el río y su valle. Era la isla un mapa frágil después, el mar y el continente entero, tras un infinitesimal recodo se dibujó la Tierra toda, un Sol quizás, otros mundos y sus dudas.
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El trueque
Era un trozo de cortes precisos y predecibles. Un rectángulo poco menor que una sábana común pero bastante mayor que cualquier pañuelo de estos tan de moda provenientes de Turquía o las orillas negras del centro de Asia. Diré que justamente lo necesario para cubrir decorosamente cualquier cuerpo humano que así lo requiriese.
Blanca de listas azules. Sin misterio en este otro punto de igual manera. Haré la salvedad de una descripción más exhaustiva de las franjas entintadas en la tela misma; su delicado tono de azul, su proporcionada relación de anchos que no sofocaban la blancura del algodón ni dejaban de herirle cada media decena de centímetros.
Al verle pocos podían excusarse para no contener el impulso irracional de ir hasta ella y tocarla. Luego venía el deseo profundo de llevarla justo bajo la mejilla (la izquierda por supuesto). No se conoce quién se negara al inmediato placer de envolverse en ella. Y entonces ya no es una pieza de fino paño, es un útero gigantesco, es el universo…
Tampoco nadie ha regresado a la luz para contarnos si a fin de cuentas la basta textura con que fue tejida compensa este letal trueque para el que fue hecha.

